martes, 3 de mayo de 2011

Prólogo

El viento soplaba fuertemente en las montañas de Hon. Nada a lo que Sayuri no estuviera acostumbrada. Los años habían hecho mella en su cuerpo, pero su postura seguía siendo la de una mujer fuerte y digna a la que el miedo no conseguía acobardarla. Sin embargo, toda esa fuerza se estaba viniendo abajo por primera vez. Y por primera vez, necesitaba que alguien la ayudara.

Mientras esperaba algunos metros alejada de su casa, el cielo se cerró y la lluvia empezó a caer. Aunque ella no se movió en absoluto mientras toda su ropa se empapaba.

Pasaron algunos minutos más cuando por fin notó que estaba allí. La lluvia hacía su presencia más difícil de detectar, pero gracias a los años pasados aún era capaz de hacerlo en condiciones adversas.

- Lo siento. –dijo su voz a través de los arboles que ocultaban su posición- He venido tan rápido como me ha sido posible.

Sayuri no habló en seguida. Giró su cabeza hacia el origen de la voz y esperó a estar segura de tenerla localizada. Alzó su vista hasta lo alto de uno de los arboles del bosque.

-Por favor. Necesito que le encuentres. –Aunque su mirada mostraba tristeza y desesperación, su voz no se quebró en ningún momento-.

-No te preocupes – replicó la voz desde lo alto.- Se lo debo a Rouce.

La lluvia empezó a caer intensamente mientras ambas miradas por fin se encontraban directamente. Tras un breve momento, la sombra encima de la copa del árbol se desvaneció tan pronto como había llegado.

Ni siquiera cuando atravesó la puerta de casa quedando protegida de la lluvia Sayuri pudo encontrar una sensación de alivio.

No podría hasta que su hijo volviera a casa.

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